jueves, 21 de mayo de 2015

VIRGEN DE LA MISERICORDIA ORACION PARA CASOS DESESPERADOS (AMOR, DINERO, TRABAJO, SALUD)



Dios te salve, benignísima Madre de misericordia,
Dios te salve, reparadora de la gracia y del perdón

¡Oh tierna y verdadera Madre de Misericordia,
que os habéis llamado Vos misma
"Madre la más misericordiosa"!

A Vos acudo para que uséis conmigo
vuestra compasión y bondad, 
vuestra generosidad y comprensión,
con tanta mayor razón cuanto es mayor mi miseria.

No soy acreedor a la gracia que de Vos espero,
ya que tantas veces os he entristecido,
ofendiendo a vuestro Divino Hijo;
 pero estoy sinceramente arrepentido
de haber traspasado con mis pecados
el amante Corazón de Jesús y el vuestro. 

 Pero vos señora mía que sois
"Madre de los pecadores arrepentidos"
perdonadme, pues, mis pasadas ingratitudes.

¡Oh María Señora de la merced sin limite,
Virgen poderosa, a quien nada es imposible!
humildemente postrado a tus plantas,
 os suplico, con todo el fervor de mi alma,
y por el poder con que os distinguió
Dios Padre Omnipotente,
que me socorráis en mis grandes dificultades,
os suplico me ayudéis en mis presentes aflicciones
que tanto dolor e intranquilidad me causan.

 ¡Oh Abogada de las causas más desesperadas,
asistidme, venid a mi y ayudadme!
y teniendo sólo en cuenta
vuestra misericordiosa bondad
 y la gloria que de ello resultará para Dios
y para Vos misma,
obtenedme la gracia que os pido
y que vos sabéis me es indispensable:

(pedir lo que tanto se desea conseguir,
confiando en María Santísima que todo lo puede).

¡Oh Vos, a quien nadie ha implorado en vano!
¡oh clementísima, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!:
 dignaos socorrerme cuanto antes
para que se acabe la desesperación que me invade.

Os lo pido por esa misericordiosa bondad
con la que, en favor nuestro
os ha llenado el Espíritu Santo
me abandono en vuestras misericordiosas manos.

Bendíceme oh Madre de Misericordia,
que vuestra bendición santísima
permanezca en mi noche y día,
y a vuestra piedad encomiendo,
madre llena de amor por vuestros hijos,
mi alma y mi cuerpo:
regidme, enseñadme y defendedme
en todas las horas y momentos,
¡oh dulce amparo y vida mía!

Así sea.

Rezar la Salve, Padrenuestro y Gloria.



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